¿Alguna vez te detuviste a pensar qué historias guardan las baldosas sobre las que caminamos, las calles que recorremos? ¿Alguna vez te preguntaste quién construyó esa casa por la que pasas todos los días? ¿Cómo diseñaron su fachada? ¿Cuál era la idea que tenían en mente? ¿Les habrá quedado cómo querían? ¿Quiénes vivieron ahí? ¿Fueron felices? ¿Qué historias están ocultas detrás de esos muros?

Durante mi primer clase como estudiante de Turismo, el profesor preguntó porqué habíamos elegido la carrera: la mayoría respondió «porque me gusta viajar». Recuerdo aún la cara de todos cuando el docente nos dijo que nos habíamos equivocado de carrera. Muchos años después creo entender a lo que se refería (aunque las ganas de viajar nunca se me fueron).

Con el paso del tiempo fui profundizando en mi formación académica —una vez recibida de la carrera de Turismo decidí introducirme en el mundo de la Historia en la Universidad Nacional de Rosario— y experimentando en el mundo laboral, tanto dentro del rubro del turismo como en la docencia, en algún momento de ese recorrido me di cuenta que mi forma de entender el mundo estaba cambiando.

Viajar ya no sólo significaba descubrir paisajes nuevos, coleccionar postales y disfrutar de la gastronomía local, sino entrar en contacto con el otro. Un otro que vive y entiende el mundo de una manera diferente a la mía. Pero, ¿Qué es lo que me diferencia de esos «otros»? ¿mi nacionalidad? ¿mi acento? ¿mi tono de piel? ¿mi religión? Si, pueden ser diferentes, pero no es suficiente.

Un otro que vive y entiende el mundo de una manera diferente a la mía. ¿Dónde vive ese otro? ¿Habla un idioma que no entiendo? ¿Cree en un Dios al que no reconozco? ¿Qué tan lejos o qué tan cerca está ese otro de mi? Porque a veces no necesitamos cruzar un océano o viajar a una ciudad remota para conocer a esos otros. Muchos de ellos habitan nuestras mismas ciudades, transitan por las mismas calles y miran los mismos edificios que nosotros, pero los viven y los entienden de una manera diferente a la nuestra.

A dos meses de haberme instalado en Pamplona (España) para realizar una estancia de intercambio en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) confirmo algo que venía madurando hace tiempo: viajar es, sobre todo, un momento de encuentro.


[📸 Recorriendo el Casco Antiguo de Pamplona, vista panorámica de la ciudad y los restos de su antigua muralla.]


De la postal turística al documento histórico

Una catedral, un castillo o el trazado de un centro histórico puede contarnos más de la historia de una localidad de lo que pensamos a simple vista. Aquellos ojos atentos y dispuestos a prestar atención a los detalles serán los que logren hacer a esos mismos lugares «hablar»:

  • Un arco apuntado no es solo ornamento: es el reflejo de las preocupaciones de los constructores medievales por hacer construcciones cada vez más monumentales y elevadas.
  • Un casco antiguo no es solo un punto turístico: es el escenario donde se cruzan las tensiones patrimoniales entre la modernización y la conservación.
  • Un manuscrito no es solo un papel: es un documento que nos acerca a comprender cómo pensaban, creían y sentían las personas que nos precedieron.

Viajar con ojos de historiadora no significa perder el asombro; al contrario, significa multiplicarlo. Es entender cómo se construyeron los mundos que vivimos y transitamos, ya sean parte de nuestro paisaje cotidiano como parte de nuestro recorrido fugaz durante una escapada ociosa.


Pamplona y Navarra: Un aula a cielo abierto

Vivir estos meses en Pamplona está siendo una experiencia transformadora. Cursar asignaturas enfocadas en la Mediación e Interpretación de Bienes Culturales, Patrimonio Cultural Inmaterial e Historia Medieval me permite vivir la ciudad como un magma de aprendizaje permanente.

Caminar por los antiguos burgos de Pamplona, seguir las huellas del Camino de Santiago, participar en congresos académicos sobre la espiritualidad femenina en la Edad Media o explorar pueblos medievales navarros me demuestra a diario la importancia de comunicar el patrimonio con rigurosidad, pero también con pasión y accesibilidad.


[📸 Vista de la Catedral de Pamplona, entre sus calles medievales, una mañana de lunes copioso.]


La nueva etapa de Mi Globo Terráqueo

Mi Globo Terráqueo nació allá por 2018 como un espacio para compartir viajes. Hoy, este proyecto se renueva para convertirse en un portal de divulgación cultural, patrimonio e historia del arte.

En esta nueva etapa vas a encontrar:

  1. 🏰 Miradas sobre el Patrimonio: Análisis de monumentos, escenarios medievales y sitios históricos explicados desde su contexto real.
  2. 🖼️ Claves de Historia del Arte: Herramientas sencillas para aprender a «leer» arquitectura, esculturas, pinturas y museos.
  3. ♀️ Historia de las Mujeres: Relatos que rescatan el protagonismo, la espiritualidad y la vida cotidiana de las mujeres a lo largo del tiempo.
  4. 🎒 Diarios de Intercambio y Guías Culturales: Rutas, consejos de viaje e itinerarios pensados para quienes buscan explorar el mundo con curiosidad intelectual.

Unite a la conversación

Viajar es hacernos preguntas, derribar mitos y dejarnos sorprender por la diversidad cultural. Te invito a acompañarme en este recorrido, a mirar más allá de la superficie y a descubrir juntos los relatos fascinantes que se esconden en cada rincón del planeta.

¿Qué es lo que más te apasiona descubrir cuando visitas un lugar histórico? ¡Te leo en los comentarios!

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